La pausa atenta


El otro día una persona me preguntó: ¿Para qué nos sirve meditar y de verdad vale la pena dedicar tiempo a eso cuando andamos tan ocupados? Y yo pensé: Hoy estamos sometidos a un nivel de estrés que quizás nunca antes se había registrado en la historia de la humanidad. El ritmo tan acelerado de vida que llevamos aunado al efecto de la era informática actual ha ocasionado que las personas estemos sometidas a un estrés continuo y repetitivo o al llamado estrés crónico. Somos cuerpos ocupados en satisfacer nuestras necesidades, criar a nuestros niños o salvar a los animales. Y somos mentes ocupadas en resolver problemas, rumiar nuestras preocupaciones e imaginar una vida mucho mejor.

Un maestro de mindfulness menciona que la equivalencia de esta manera de vivir, sería como comer carne y antes de que el organismo tenga tiempo para procesarla, volver a introducir otro pedazo de carne en la boca y así durante todo el día, toda la semana, el mes y el año.


La meditación mindfulness nos ayuda precisamente a abrir ese espacio para procesar todo lo que nos ocurre física, mental y emocionalmente durante el día. Nos brinda la oportunidad de hacer una pausa en medio de la agitación física y mental, para conectarnos con nosotros mismos y poder ver con claridad lo que sucede dentro y fuera de nosotros. Meditar nos ayuda a salir del sonambulismo y empezar a vivir aunque sea unos breves minutos, de una manera más consciente.

Hacer una pausa y realizar este ejercicio varias veces a lo largo del día, nos ayuda a llegar al final de la jornada menos estresados y más conscientes.

Como dice Tara Brach: “La pausa sagrada nos ayuda a volver a conectarnos con el momento presente. Sobre todo, cuando estamos atrapados en los afanes, en las obsesiones y en asomarnos al futuro. La pausa nos permite volver a entrar en el misterio y en la vitalidad que sólo se encuentran en el momento presente”.



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