La furia y la tristeza (desde mindfulness)


La mente ansiosa siempre está intentando transformar la experiencia del presente. El ejemplo más nítido de esta conducta es nuestra reacción al ver a alguien llorando, especialmente si es un niño. Inmediatamente nos sale un: “No llores por favor”.

Existen varias estrategias que empleamos para distraer los sentimientos difíciles e incómodos que se presentan en el momento presente, como la ansiedad, el enojo, miedo o tristeza. Una de ellas es culpar a los demás de nuestro dolor y sufrimiento.

Cuando alguien nos lastima, nos enojamos y agredimos a esa persona en un afán por descargar nuestro dolor, cuando quizá lo que más sentimos es una gran tristeza por sentir que no valemos, que no somos lo suficientemente buenos para ser amados. Les quiero compartir el siguiente relato que desconozco quien lo escribió, pero expresa de manera muy clara la manera en que cubrimos una emoción difícil con la agresión y la violencia.

La furia y la tristeza

Había una vez un estanque maravilloso. Hasta este estanque se acercaron a bañarse la tristeza y la furia. Las dos se quitaron las vestimentas y desnudas entraron al estanque. La furia apurada y urgida se baño rápidamente y más rápidamente aún salió del agua. Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que desnuda y apurada, se puso la primera ropa que encontró. Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino de la tristeza. Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calmada y dispuesta como siempre, a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro salió del estanque. En la orilla encontró que su ropa ya no estaba. Y como no le gusta quedarse al desnudo, se puso la única ropa que encontró, la de la furia.

Cuentan qué desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es solo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad está escondida la tristeza.

Si hacemos una pausa y miramos bien, podremos entender lo que realmente sentimos y lo que de verdad nos duele más.

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